
a) El espectador que se describe en el texto es “dócil”, “pasivo” e incapaz de responder frente a los estímulos, generalmente “negativos” o “dañinos” que se manifiestan en los medios. O si lo hace es para tergiversar su accionar, la televisión como fuente de violencia en los niños ha suscitado grandes controversias según queda explicito en el texto.
No obstante, esa concepción ha ido evolucionando con el tiempo y se ha establecido que las personas que acceden a los medios pueden estar de acuerdo con lo que el medio emite (según una lectura dominante), pueden disentir en ciertas cuestiones (lectura negociada) o rechazarlos (lectura oposicional). Aunque es preciso destacar que los receptores más influenciables siempre serán los niños en proceso de socialización.
b) La postura es crítica ya que al ser un ente pasivo solo actúa en base a lo que los medios de comunicación masiva les coloquen en frente, por ejemplo la violencia. La influencia es netamente “apocalíptica” según lo expuesto en el texto. Sin embargo y como se explica en el mismo: “Es importante tener en cuenta que los medios audiovisuales se inscriben en relaciones sociales y es en esa interacción que se producen ciertos efectos y otros no. Es por eso que debemos considerar los contextos de producción, así como las condiciones de recepción, reconocimiento y apropiación de las producciones culturales por parte de las personas”.
c) Según la óptica de varios autores, como bien lo expone el texto analizado, la sustitución de imágenes violentas podría evitar la agresividad en los receptores más influyentes, es decir los niños. No obstante, es una visión un tanto simplista, ya que se dejan de lado varios factores; qué tipos de programas son adecuados para cada espectador teniendo en cuenta el target, cuánto tiempo pasa el niño frente a un aparato para el ocio y si utiliza ciertos canales de información para combinarlos con los estudios aprendidos en el hogar, en la escuela u otras instituciones. Es decir importan otras cuestiones relacionadas con la educación y las costumbres.
Por ejemplo, una medida es saber cuánta información recibe el niño y en qué horarios se divulgan determinados tipos de imágenes. Además, dentro de una sociedad inmersa en las denominadas “nuevas tecnologías”, sería pertinente educar a los infantes en el uso y las consecuencias de los mismos (como por ejemplo Internet). Pero asimismo, se les debería fomentar a utilizar los grandes canales de información que tienen para ampliar su horizonte intelectual y cultural.
Finalmente, una postura mixta, entre negarles los contenidos fuera de lugar y ayudarlos a describir las ventajas de las tecnologías debería ser el camino a seguir por los profesionales de los medios y de otras ramas importantes para la enseñanza de los jóvenes.






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